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NUESTRA MISIÓN

Contribuir a elevar la capacidad de gobierno de la dirigencia política y de las  instituciones democráticas de América Latina,  mediante la divulgación,  la capacitación, la asesoría y la investigación en el campo Sistemas de Dirección, Planificación y  Gobierno y sus principales disciplinas y métodos como alta dirección pública,  planificación estratégica pública, planificación prospectiva pública y de gran estrategia, monitoreo y evaluación de gestión por resultados, presupuesto por programas, gerenciamiento de crisis, modernización del gabinete del dirigente, gerencia por objetivos, organización y planificación de campañas electorales y reformas organizativas y macroorganizativas, entre otros.  

Carlos Matus: La población latinoamericana tiene cada vez menos confianza en la capacidad de los partidos políticos...

Carlos Matus
El siguiente texto hace parte de la introducción de un artículo de Carlos Matus titulado Planificación y Gobierno publicado en la Revista de la Cepal No 31 en 1987.  Desde entonces ya han pasado casi 30 años y su contenido continúa totalmente vigente. Parece que nada ha cambiado y por lo contrario cada vez más se profundiza el grave problema de baja capacidad de gobierno de nuestras dirigencias políticas latinoamericanas:  

La población latinoamericana tiene cada vez menos confianza en la capacidad de los partidos políticos, y de los gobiernos que de ellos nacen, para solucionar o, al menos, aliviar los problemas. Observa con asombro que los programas electorales no constituyen un compromiso o una palabra dada para ser cumplida, y comprueba que los planes se apartan de las promesas electorales y que la acción práctica de gobierno se distancia, a su vez, de los planes.

Cada vez es más común escuchar en la voz de la calle que los partidos políticos son capaces de ganar elecciones, pero incapaces de gobernar con eficacia. La ciudadanía castiga a los gobiernos después de un período de espera restándoles adhesión y, en última instancia, votando por la oposición en las contiendas electorales donde se decide el cambio de gobierno. Pero, ese castigo no renueva las prácticas de gobierno, y los dirigentes políticos no aprenden de la historia reciente e insisten en los mismos errores. De esta manera, el voto-castigo en las elecciones presidenciales es un juicio de eficacia que no produce mayor eficacia y, en cambio, genera a la larga desaliento y desconfianza. ¿Cuánto puede durar un sistema que al final termina por garantizarnos, como principal beneficio, la libertad de observar en paz cómo los problemas se agravan? ¿Cuánto durará esa paz sin eficacia, justicia y empleo, pero con hambre? En la explicación de esta divergencia nosotros, los planificadores de profesión, tenemos casi igual cuota de responsabilidad que los dirigentes políticos y los gobernantes.


Los procesos de ganar elecciones, hacer planes de desarrollo a la manera tradicional y producir medidas durante el gobierno responden a dinámicas de distinta naturaleza, guiadas por distintos criterios de eficacia, en contextos muy diversos, y protagonizadas por actores bien diferenciados…En la instancia electoral, los actores son distintos que en el momento del plan de gobierno y de la acción de gobierno. Los criterios de eficacia, las restricciones y las relaciones de fuerzas que pesan son también distintas. El clima electoral y las instituciones electorales generan motivaciones y prácticas casi opuestas a las del ambiente de gobierno desde el Estado que rodea el cálculo del plan económico y la administración burocrática ordinaria de los organismos públicos”.

GOBERNANTES A LA ESCUELA

Carlos Matus
Los gobernantes son víctimas de la misma escuela que ellos no han podido renovar. Cuando niños sufrieron el amaestramiento de la escuela tradicional: transmisión atosigante y autoritaria, de conocimientos, a veces,  obsoletos, raciocinio determinístico, teorías en abstracto con olvido de la teorización sobre la realidad en que vive su familia y comunidad, excesivo respeto por los paradigmas vigentes, privilegio de lo cuantitativo sobre lo cualitativo e identificación de ciencia con los modelos bien estructurados con variables medibles. No le enseñaron a aprender, sino a aprender lo que le enseñaron. La escuela básica desaprovecha el potencial de inteligencia, creatividad y personalidad que encierra una mente joven y vigorosa, llena de interrogantes sobre el mundo.


Cuando el futuro gobernante ingresa a la universidad, encuentra allí una fábrica de profesionales departamentalizados en facultades. En la universidad, recibe una carga de unidimensionalidad tecnocrática que no puede criticar. Su formación previa en la escuela mató su capacidad de crítica creativa. Ya es un seguidor en potencia de una ciencia o una disciplina que se asila de las otras y se desarrolla fuera de contexto. Pero los departamentos de la universidad no existen en la práctica y los problemas de la práctica social no están en la universidad. La medicina, la economía, la biología, la ingeniería, la arquitectura, las disciplinas jurídicas aportan conocimientos parciales que el gobernante debe aplicar a problemas de salud, económicos, educativos, organizativos, de regulación social, de gerencia publica, de conducción política, de diseño urbano, etc. Y estos problemas cruzan todos los departamentos de la universidad, son multidepartamentales y transversales. En esa práctica se gesta el primer choque entre su capital cognitivo y los problemas con que debe lidiar. 



El partido político completa su formación. Allí debe abordar o eludir problemas para los cuales no está preparado. Allí recibe el impacto de una práctica signada por la competencia electoral y los pequeños intereses. En el partido nadie lo prepara para gobernar. Pero, es ahí donde  refuerza su ego y su individualismo, aprende a atacar y defenderse, y a usar a la gente para sus propios objetivos.  En la práctica partidaria, crea su círculo de amigos que más tarde serán sus guardapuentes de acceso a su gabinete. Algunos distinguen entre su ambición personal y el proyecto para su país. Otros refuerzan su proyecto personal y se olvidan de sus ideales de juventud.

El 90% de los dirigentes políticos pasan por la universidad y complementan su formación en los partidos políticos y en el contacto con los medios de comunicación. La televisión, los periódicos y las revistas forman parte de su escuela informal. Con esa formación parcial, muchas veces distorsionada, el político asciende a las posiciones de gobierno. Allí debe ahora enfrentar problemas que no se ajustan a los modelos aprendidos en la escuela formal y en su práctica política. Tiene que dirigir organizaciones, diseñarlas o remodelarlas. Tiene que orientar y regular la economía, y para ello no basta la formación del economista sin dominio de la política. Tiene que regir la salud publica aun cuando la formación del médico esté muy lejos de capacitarlo para ello. Obstetras, cardiólogos, ginecólogos y cirujanos distinguidos en su profesión alcanzan su nivel de incompetencia cuando tienen que planificar, organizar, controlar, distribuir gobernabilidad y evaluar resultados. Un ministerio es algo muy distinto que una sala de cirugía o un consultorio médico. Tiene que hacer procesamiento tecnopolítico de los problemas y decisiones, pero su formación separa brutalmente la técnica de la política y la gestión. Trata desesperadamente de aplicar sus conocimientos profesionales y su experiencia política, pero ambas son como dos partes irreconciliables de su vida. Cree que la experiencia política es suficiente para complementar su formación universitaria. En el comando del gobierno siente o intuye que hay una enorme distancia entre lo que debe y puede hacer. Y frente a ese dilema, con “sentido práctico”, renuncia al debe ser y se conforma con el puede ser, que es muy poco. Si está inconforme, entonces culpa a otros de esa brecha entre proyecto y realizaciones. Culpa a la burocracia, al simplismo del ciudadano común que no comprende sus esfuerzos, a los medios de comunicación que silencian su obra, y a la herencia de problemas que hereda y que dice conocer solo ahora en su real magnitud. Cree que esta maniatado por las circunstancias y no por su capacidad insuficiente de gobierno.

Como no puede enfrentar los problemas que el ciudadano valora ni sabe modernizar las herramientas de gobierno que podrían ayudarlo en esa tarea, culpa siempre a las circunstancias y a fallas en la comunicación de lo que hace. Hasta ahora no he encontrado ningún gobernante que va mal que reconozca la inefectividad o insuficiencia de su acción. Sostiene que hace mucho y comunica poco. Este es un argumento doblemente frágil. No existen políticos que no sepan comunicar. De eso si saben. Pero, además el hombre común no necesita que le comuniquen cuando llueve y se moja. El efecto informa mejor que la televisión, si es positivo y tiene magnitud. Cuando algo importante y positivo ocurre se comunica inevitablemente al ciudadano por sus consecuencias, tal como ocurre con las malas noticias. La explicación de este fenómeno es entendible: nadie puede reconocer que lo hace mal sin corregir o culpar a otros.

Esta baja capacidad para gobernar se combina con la soberbia y la sordera, multiplicadas por la posición de poder que lo hace superior. Jamás se le ocurre pensar que su agenda está mal organizada, que no tiene soporte de procesamiento tecnopolítico, que su equipo de planificación es muy poco práctico, tecnocrático y deficiente, que no dispone de equipos preparados para reorganizar y modernizar el aparato público que lo aprisiona con su fricción burocrática, que no sabe cobrar cuentas por desempeño, aunque exige a gritos  el cumplimiento de metas aisladas y mal procesadas, que no sabe distribuir responsabilidades y gobernabilidad y concentra todo en sus manos porque cree que las deficiencias están abajo y no en la cabeza del gobierno. Como no sabe que no sabe, menosprecia el entrenamiento. Ya no lee ni estudia. No tiene tiempo para pensar y estudiar porque está muy ocupado con cosas menores que él mismo centraliza y resuelve una a una, porque no sabe resolverlas en serie mediante reingeniería pública. El centralismo refuerza su ego y llena su agenda. En su vocabulario hay palabras que no tienen cabida o tienen un significado menor. La planificación moderna es un juguete indigno de hombres maduros. No puede salir de su prisión porque su teoría no se lo permite. El mundo del hombre es del tamaño de su vocabulario.

Si alguien le dijera que debe entrenarse en Ciencias y Técnicas de Gobierno se reiría a gritos. ¿Quién podría enseñarle algo nuevo e interesante, si ya sabe todo por experiencia? En contraste, las informaciones dicen que Margaret Tatcher, siendo Primer Ministro, asistió a seminarios sobre manejo de crisis. No tuvo miedo ni soberbia para aprender. Tampoco alegó falta de tiempo.

Por otra parte, ¿Qué le ofrece la universidad al gobernante capaz de hacerse esta autocrítica? ¿Existe alguna Escuela de Gobierno en nuestros países con una oferta de conocimientos que interese a los políticos y los gobernantes? La universidad está de espaldas a los problemas del gobernante y del gobierno en dos sentidos: uno, su oferta de enseñanza es inapropiada para el dirigente público; dos, casi no realiza investigaciones por problemas que estén en el centro de la agenda de la sociedad y del gobernante. Mientras tanto los gobernantes dan palos de ciego con reformas institucionales y organizativas de contenido inapropiado y carente de estrategia para cambiar las prácticas de trabajo del aparato público. No se moderniza, sólo se privatiza. Pero si el criterio para privatizar se basa en traspasar al sector privado lo que no funciona bien en el ámbito público, la lista de privatizaciones debería estar encabezada por la Presidencia de la Republica, convertida en sociedad anónima y el Congreso Nacional y el Poder Judicial en sociedades de responsabilidad limitada. Mientras tanto, en algunos países, se privatizan servicios públicos, como la educación técnica, que constituyen uno de los pocos recursos efectivos a que puede acudir la población más pobre para salir de esa situación.

Algunos creen que la formación del gerente privado es suficiente para abordar los problemas públicos. Es un error mayúsculo. Tan grande como pensar que las actuales escuelas de administración publica resuelven el problema. En Harvard existe una Escuela de Negocios bien diferenciada de la Escuela Kennedy de Gobierno, sin perjuicio de que ambas tengan algunas asignaturas comunes. Las escuelas de gobierno, que merezcan su nombre, no abundan en el mundo. Eso es cierto. Pero, en América Latina solo tenemos escuelas de negocios de buena calidad y escuelas de administración pública que extrañan una manito renovadora.

Yo creo que los políticos y los gobernantes deben ir a la escuela. Sé que esto es un atrevimiento y pido excusas. Mi creencia significa exactamente respeto por la función política y los partidos políticos. Mi recomendación quizá  no es aplicable a los políticos y gobernantes actuales. A muchos de ellos, su orgullo, el mal uso del tiempo y el deterioro de sus oídos con el polvo del poder, los excluye de esta propuesta. Están bien excluidos. El remedio sería inefectivo para ellos. Pero, hay que tener esperanzas con los futuros gobernantes y el futuro de los partidos políticos. De otro modo ¿cómo se consolidará la democracia y ascenderá a niveles superiores? Pero, ¿a cuál escuela irían? La respuesta es obvia: América Latina requiere, al menos, una Escuela de Gobierno. Una de alta excelencia. Hay que crearla. Yo quisiera ser alumno de esa escuela. La palabra la tienen las universidades y los institutos de enseñanza sobre administración pública. No se trata de una escuela para formar líderes ni formar presidentes. Ello es imposible. Se trata de un centro de post-grado donde los profesionales que sientan la vocación de la política y del servicio público se preparen para ese llamado potencial. El líder se forma en la práctica y lo nombra y selecciona el sistema democrático. La escuela de gobierno será su apoyo, no su medio de selección. Con este escrito le recuerdo con respeto y amistad al Presidente Fernando Henrique Cardozo, que algún tiempo atrás concordó conmigo  sobre la necesidad de una escuela de gobierno, que Brasil puede encabezar esta renovación y constituirse en el caso pionero de una nueva generación de gobernantes.

¿Qué es la Escuela de Gobierno?

El arte de la política y el  gobierno supone dotes personales.  Aunque, en buena medida, tales dotes son potencialidades que pueden ser desarrolladas y alimentadas mediante el conocimiento de métodos y técnicas apropiadas. Precisamente, la propuesta de la Escuela de Gobierno se fundamenta en la hipótesis que es posible estimular las dotes personales de la dirigencia política mediante la formación en ciencias y técnicas de gobierno.  Esa formación no puede sustituir ni crear la dosis de arte que requiere la política, pero es un camino para profesionalizar y potenciar el arte del político y mejorar la calidad del estrato tecnopolítico que le brinda soporte. 

El diseño de la Escuela de Gobierno debe tener como espina dorsal de su actividad formativa el desarrollo de las ciencias y técnicas de gobierno  a fin de  superar  la mera interdisciplinaridad que se expresa en una simple  “oferta de supermercado” de cursos, que muestra, al gusto del consumidor, toda una variedad de disciplinas del mundo. Sin perjuicio de reconocer que también son indispensables para elevar la capacidad de gobierno, también se debe superar la idea bien arraigada que es suficiente con la formación de planificadores del desarrollo económico y de gerentes y administradores públicos.  Es el momento de rescatar la idea original de la escuela de Gobierno, pues desde que el Profesor Carlos Matus difundió por Latinoamérica su propuesta, muchos proyectos de esta naturaleza fueron implantados, algunos fracasaron y otros sobreviven sólo de nombre, pues en el mejor de los casos no pasan de buenos programas de postgrado en administración pública.

La propuesta de la Escuela de Gobierno destaca la idea de crear capacidad de gobierno mediante una formación adecuada de los líderes, y sobre todo del estrato político-técnico de la sociedad. Los líderes políticos se hacen en la práctica según las exigencias de la competencia política democrática. Pero el estrato político-técnico de una sociedad se forma en escuelas y, a la larga, eleva las exigencias de la competencia política con el consiguiente efecto positivo sobre la misma formación práctica de los líderes. Por esta razón, la creación de equipos político-técnicos de alto nivel teórico y buena experiencia práctica estimula el ascenso del nivel y calidad de los políticos y de la acción política. Desgraciadamente, el nivel tecnopolítico es un estrato muy poco desarrollado en América Latina.


¿Cuáles son los Objetivos de la Escuela de Gobierno?

El propósito central de la Escuela de Gobierno  es el de contribuir a elevar la capacidad de gobierno mediante el desarrollo de las ciencias y técnicas de gobierno y la formación de una nueva dirigencia política y de profesionales en el  ámbito de la tecnopolítica. Específicamente buscará:

a)   desarrollar el estrato de investigadores en el ámbito de las ciencias y técnicas de gobierno;

b)   desenvolver las bases científicas que deben alimentar el avance de las disciplinas, métodos y técnicas de gobierno;

c)    formar una nueva  capa de profesionales para el aparato público con una visión más amplia que la formación vertical tradicional;

d)   formar el  nivel tecnopolítico como un estrato asesor de la dirección superior de las fuerzas sociales democráticas y de los organismos gubernamentales;

e)   ofrecer condiciones para la formación de una nueva dirigencia política; y

f) promover el intercambio de experiencias de gobierno, la discusión sobre los problemas sociales concretos y la formación de lazos de cooperación entre la dirigencia latinoamericana.

 Áreas de Investigación y Formación de la Escuela de Gobierno

La estructura básica del pensum y de las áreas de investigación de las Escuelas de Gobierno tiene que ser cuidadosamente elaborada para responder a las necesidades de formación del nivel tecnopolítico y la renovación del personal de la dirigencia política.

Para cumplir el doble propósito de formación y desarrollo de conocimiento,  la estructura académica básica de la Escuela de Gobierno debe estar conformada por las siguientes áreas:

a)   ciencias sociales horizontales, con las características ya mencionadas y que tienen la función de articular teóricamente y alimentar en la práctica el conjunto de disciplinas, métodos y técnicas capaces de elevar la calidad de la práctica horizontal

b)   teorías  y métodos generales de dirección capaces de ayudar a los actores sociales a planificar su acción en situaciones de poder compartido y construir escenarios futuros integrales (planificación situacional, planificación prospectiva, teoría de las macroorganizaciones, análisis estratégico, estudio de actores, selección y evaluación de operaciones y proyectos, etc.).
c)    Técnicas de conducción operacional o de gestión administrativa  (análisis de problemas cuasiestructurados, reingeniería pública, presupuesto por programas, gerencia por operaciones, manejo de crisis, monitoreo y evaluación de la gestión pública,  etc.), y

d)   Técnicas para tratar con procesos creativos e interactivos generadores de problemas cuasiestructurados (juegos, ensayos, técnicas de comunicación social, técnicas de negociación, etc.).


Niveles de Formación de la Escuela de Gobierno.

El diseño de La Escuela de Gobierno estará orientado a la formación en tres niveles diferenciados de acuerdo con propósitos, profundidad e intensidad horaria:   

Nivel 1: Postgrado en ciencias y técnicas de gobierno. Tendrá una duración de 18 a 20 meses y estará dirigido a profesionales universitarios con más de tres años de experiencia en organismos que realizan tareas de gobierno público o privadoque estén motivados y demuestren condiciones  para desempeñar funciones tecnopolíticas o de planificación en ámbitos específicos.

Nivel 2: Cursos de entrenamiento intensivo y talleres de trabajo. Con intensidad entre  60 y 90 días, estará dirigido a funcionarios gubernamentales medios con experiencia de más de cinco años  en el nivel político-técnico, dirigentes políticos  y dirigentes de empresas y organizaciones gremiales, interesados en la formación y dominio de las disciplinas de las ciencias y técnicas de gobierno.    

Nivel 3: Seminarios y talleres de alto nivel sobre problemas de gobierno. Con una duración menor a una semana, estará dirigido a  Altos dirigentes políticos, asesores tecnopolíticos, gerentes y dirigentes de empresas públicas y privadas, interesados en ampliar sus conocimientos en las disciplinas de las ciencias y técnicas de gobierno, intercambiar experiencias de gobierno y profundizar sobre problemas sociales concretos.

 Principales Acciones para el Diseño e Implantación de Escuela de Gobierno.

Se propone establecer un Proyecto que contemple el conjunto de acciones y pasos progresivos conducentes a la implantación y consolidación de la Escuela de Gobierno como un centro académico con capacidad para desarrollar la investigación y la formación en las ciencias y técnicas de gobierno.  Se pretende que la Escuela se encuentre funcionando con todas sus  áreas y niveles descritos anteriormente en un plazo de tiempo de 5 años. Este sería el caso para un proyecto de envergadura nacional o internacional. Sin embargo, sin perjuicio de los objetivos de la Escuela, pueden ser promovidos proyectos de alcance más modesto, sea regional o local, donde la duración de su implantación puede ser mucho más corta: entre 6 meses (para el caso de un centro de entrenamiento) y 2 años (para el caso de una Escuela de Gobierno de alcance intermediario).  También, el proyecto puede contemplar una primera fase experimental con un alcance limitado para después progresivamente ampliar su ámbito de actuación.       

En general, las acciones y actividades para el diseño e implantación de la Escuela de gobierno son las siguientes:

a)   Presentación y discusión de la propuesta de la Escuela de Gobierno ante los dirigentes  y representantes de las organizaciones interesadas en su implantación.

b)   Formulación de un convenio con la Fundación Altadir para la utilización de la propuesta de la escuela de Gobierno y los avances conceptuales y metodológicos de las disciplinas de las ciencias y técnicas de gobierno desarrollados por la Fundación. 

c)    Formación de un grupo de trabajo responsable por la formulación y promoción del proyecto, conformado por profesionales, dirigentes y representantes de las organizaciones interesadas en implantar la Escuela de Gobierno en su País, región,  municipio, departamento, estado o institución.

d)   Realización de un seminario de capacitación sobre ciencias y técnicas de gobierno dirigido al grupo de trabajo (entre 80 y 120 horas dependiendo de la existencia de entrenamiento previo).

e)   Análisis de la situación del avance de las ciencias y técnicas de gobierno en el país, región o municipio: existencia de profesionales capacitados, existencia de disciplinas, existencia de investigadores, experiencias similares, etc. 

f)   Identificación de profesores, instituciones y grupos de investigación a nivel local, regional, nacional e internacional.

g)   Formulación del proyecto para la implantación de la Escuela de Gobierno: objetivos, alcance, áreas de formación, pensum, estructura organizativa, acciones de formación de profesores e investigadores, financiamiento, etc.

h)   Formación de los docentes e investigadores a nivel básico y avanzado: seminarios, cursos de especialización y postgrado, becas de formación en el exterior, etc. 

i)     Estructuración organizativa de la Escuela de Gobierno

j)   Implantación de las actividades de formación e investigación de la Escuela: fase experimental con tutoría de los profesionales acreditados por la Fundación Altadir


k)   Seminarios de análisis de la experiencia de la Escuela  Experimental, revisión de su pensum y profesores y extensión de sus alcances


Plan de Estudios de la Escuela de Postgrado (nivel 1).


El Plan de Estudios de la Escuela de Gobierno comprende los  niveles y el conjunto de asignaturas que se precisan a continuación, sin perjuicio de las conferencias, charlas y encuentros que serán ofrecidos con el  propósito de promover el intercambio de experiencias de gobierno y la discusión sobre los problemas sociales concretos.





























LA PLANIFICACIÓN COMO HERRAMIENTA DE GOBIERNO: ELEMENTOS INTRODUCTORIOS SOBRE TEORÍA DEL GOBIERNO Y PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA PÚBLICA

Ver Presentación Completa

Compartimos la guía de la presentación sobre La Planificación Como Herramienta de Gobierno realizada por el profesor Luis Carlos Burbano que fue realizada en el marco del Curso Planificación y gestión Estratégica para las Políticas Públicas promovido por el ILPES en Santa Cruz de la Sierra,  Bolivia, entre el 4 y el  15 de mayo de 2009. 

La presentación se concentró en la discusión sobre los elementos centrales de la teoría del gobierno y la planificación desde la perspectiva de los aportes de Carlos Matus. Especialmente se destacó la brecha entre nuestra capacidad para gobernar los sistemas sociales y la complejidad creciente que éstos ofrecen para ser conducidos hacia objetivos asumidos democráticamente. Esta brecha es creciente, y quizás continúe aumentando por mucho tiempo, porque nos hemos preocupado más por el avance de las ciencias naturales para ganar capacidad de gobierno sobre la naturaleza y muy poco de las ciencias y técnicas  para gobernar con eficacia nuestras sociedades. De esta forma, como lo propone Carlos Matus, para gobernar no sólo se requiere arte, sino una dosis creciente de ciencias. Pero de unas ciencias capaces de abordar los    procesos creativos y los problemas cuasiestructurados, donde conocer no siempre es sinónimo de encontrar  leyes que rigen los procesos, y la objetividad debe ceder paso a la rigurosidad. El problema reside en que no se reconoce la necesidad del desarrollo de las ciencias de gobierno y que a partir de dichas ciencias se fundamente las herramientas y técnicas que nuestros gobernantes necesitan para gobernar con eficacia. Entre estas técnicas se destaca la planificación pública.  

Para mayor información sobre este tema entrar en contacto con nuestro Blog. 

GUÍA DEL SEMINARIO-TALLER SOBRE EL DISEÑO E IMPLANTACIÓN DE LA ESCUELA DE GOBIERNO

Ver Documento Completo

Desde que el Profesor Carlos Matus difundió por Latinoamérica su proyecto de la Escuela Latinoamericana de Gobierno (ESCOLAG), hace más de 30 años, muchas escuelas de gobierno fueron implantadas, algunas fracasaron y otros sobreviven sólo de nombre, pues en el mejor de los casos no pasan de buenos programas de formación interdisciplinaria, postgrados o centros de capacitación en  administración públicas, en ciencias políticas o políticas públicas.

Lo anterior confirma que existe una enorme confusión sobre lo que es una Escuela de Gobierno contribuyendo a que  no se avance en la implantación del proyecto ESCOLAG dentro de los fundamentos de las ciencias y técnicas de gobierno aportados por el Profesor Matus.

Sin perjuicio de reconocer que también son indispensables para elevar la capacidad de gobierno, debe superarse la idea bien arraigada que es suficiente con la formación de planificadores del desarrollo económico y regional, de gerentes y administradores públicos y  científicos políticos.

La formación en las anteriores áreas puede ser hasta necesaria para ampliar la formación o profundizar en algunos temas que acucian a  los líderes políticos en la actualidad. También pueden ayudar a la creación de habilidades y capacidades específicas para la gestión, gerencia o administración del aparato público.  Sin embargo,  poco o nada contribuyen a resolver los problemas propios de la conducción y dirección del gobierno en el juego social.

En síntesis, la formación ofrecida por lo que hoy se práctica como Escuela de Gobierno en América Latina, e incluso en el mundo, no se encuentra direccionada a la creación de las capacidades o competencias que deberían tener el estrato tecnopolítico de nuestras sociedades para enfrentar con eficacia los retos de gobernar los problemas del siglo XXI.

Con el propósito de contribuir al debate sobre la necesidad de ESCOLAG dentro de los fundamentos de las ciencias y técnicas de gobierno, anexamos la guía del seminario-taller que hemos realizado en varios países de América Latina durante los últimos 10 años

Con base en el proyecto inicial de ESCOLAG de Carlos Matus hemos implantado varias escuelas de gobierno y centros de capacitación en numerosas organizaciones públicas  de América Latina las cuales nos han servido como experiencias sobre las dificultades que se presentan en el proceso de creación y manutención en el tiempo de este tipo de proyectos.

DIEZ TESIS SOBRE LAS PRACTICAS DE GOBIERNO - CARLOS MATUS PRESIDENTE FUNDACION ALTADIR- 1990

DIEZ TESIS SOBRE LAS PRACTICAS DE GOBIERNO 

CARLOS MATUS

PRESIDENTE FUNDACION ALTADIR

1990

  
Primera tesis:

Parte importante de los gobiernos y los partidos políticos latinoamericanos tienen baja capacidad de gobierno.

Esa baja competencia de gobierno se manifiesta en serias deficiencias para identificar y procesar tecnopolíticamente los problemas que padecen nuestros países. Se gobierna administrando situaciones, sin enfrentar sistemáticamente los problemas que, por su persistencia, se incorporan progresivamente al paisaje social. y, cuando se actúa parcialmente sobre ellos, porque llegan a convertirse en urgencias políticas, no se los enfrenta de acuerdo a una selección planificada en relación al valor que tienen para la población y se procesan muy defectuosamente. a veces, tienen un procesamiento político sin profundidad técnica. O, por el contrario, sólo se los procesa técnicamente sin profundidad política.

La principal consecuencia de esta baja capacidad de gobierno es la acumulación de problemas críticos y la desvalorización del sistema democrático ante la población. Sin eficacia para enfrentar los problemas, la democracia sobrevive indefensa, acosada por la limitación de sus resultados.

Segunda tesis


Como respuesta a esta situación, el ciudadano, con su voto en el acto electoral, más que confiar en los dirigentes que elige, castiga y repudia al causante de su última frustración.

Así, la capacidad de ganar elecciones resulta ser independiente de la capacidad de gobierno, pues se trata de una competencia electoral entre actores con deficiencias similares que cruzan todo el abanico de las ideologías y se turnan en el incumplimiento y burla de sus promesas. Triunfa el partido cuya actuación, por estar más lejana en la memoria del pueblo, es capaz de renovar el crédito sobre sus críticas y promesas con base a un liderazgo personal.   Igualmente triunfa un personaje sin historia política y de gobierno pero altamente reconocido por su carrera exitosa en otra área de actividad pública y sobre el cual la población no tiene elementos de juicio para fundamentar su apoyo diferentes a ser alguien “independiente”, “sin rabo de paja”, “sin vicios” o ajeno a la clase política tradicional.

Esta crisis de la capacidad de gobierno se localiza en las máximas cabezas dirigentes. Es una crisis de liderazgo. Y cuando el mal está en la cabeza, todas las directrices del alto gobierno tienen el techo de esa limitada capacidad, con lo cual se perpetúa y reproduce la ineficacia de conducción. En general, la complejidad de los problemas de la realidad latinoamericana ha superado con creces el capital intelectual de las dirigencias políticas, pero ellas no reconocen esa debilidad, permanecen ignorantes de sus deficiencias y están aun lejos de concebir que los problemas tienen su origen en tales incapacidades de conducción.

Cuando presionados por las circunstancias, esos gobiernos restan tiempo a sus urgencias y acciones rutinarias para asignarlo a promover algunas reformas, la ineficacia de las mismas devela las limitaciones de sus promotores. No habrá reformas efectivas sin una reforma previa de los reformadores.

Hoy hay una dramática demanda por mayor experticia apolítica en América Latina. Esta experticia es el producto de la experiencia y el capital intelectual.  Si este último es cero, la experiencia vale cero. Sin experiencia, el capital intelectual no produce experticia. Sin capital intelectual, la experiencia sólo reproduce la mediocridad y la rutina.

Tercera tesis:

Los partidos políticos, con su estilo tradicional, asistemático y primitivo de conducción, gestan en su seno los futuros equipos de gobierno y transfieren al estado esos vicios y limitaciones, cuando asumen el poder. Por consiguiente, el estilo tradicional, iletrado, distraído y descentrado de hacer política, limita drásticamente la posibilidad de hacer un gobierno eficaz y responsable.

Las dirigencias políticas viven agobiadas y distraídas por problemas pequeños e intrascendentes, mientras ignoran los grandes problemas nacionales. Son diestras en la manipulación micro política, pero altamente ineficaces en la gran política y su traducción operacional en organización y resultados. Mientras la ciudadanía se irrita, acumula frustración y desconfianza, las dirigencias políticas parecen anestesiadas e impotentes en las alturas del poder.

El cambio debe comenzar en los partidos políticos, sin excluir la transformación tardía e improbable desde el gobierno del estado. Si en la práctica política partidaria no hay planificación, dirección estratégica, gerencia política creativa, descentralización democrática, sistemas sanos de finanzas y presupuestos, promoción política de acuerdo a la capacidad y la representatividad y un riguroso sistema de prestación y cobranza de cuentas, es natural que esa  desorganización se transfiera a las entidades públicas, se reproduzca en las privadas e invada el mundo de las organizaciones gremiales y sindicales.

Cuarta tesis

Estas deficiencias coexisten con una gran crisis ideológica y un grave deterioro de la ética social. En ese medio, la corrupción se abre paso como respuesta a la frustración y el relajamiento del control democrático, mientras el teocratismo emerge como una salida a la confusión ideológica. Los partidos políticos han perdido parte significativa de su capacidad de convocatoria sobre proyectos futuros que alienten una discusión ideológica creativa apoyada en la renovación de los valores y el avance de las ciencias. Nuestra marcha hacia el futuro continúa sin rumbos.

La baja capacidad de gobierno es el medio fácil que alienta y promueve la corrupción y el teocratismo. Estas no tienen espacio en sistemas de alta responsabilidad y capacidad de gobierno. El teocratismo es propio de una etapa de desorientación, debilidad e inmadurez de nuestros sistemas de gobierno. La corrupción anuncia el clímax de la crisis del liderazgo centralizado y de baja responsabilidad.

Cegado por estas deficiencias, el político común, inconscientemente, exagera su estilo tradicional, nómada y centralizante de hacer política. Recorre el país o recorre el mundo en una ronda cinemática interminable, porque no sabe sentarse a gobernar y reflexionar sobre sus limitaciones. Las importancias no entran en su agenda, pero su estilo ambulatorio y disperso le permite el contacto con una gran variedad de actores y actos importantes, al mismo tiempo que puede sentirse activo y útil. Acumula poderes y competencias que recargan su jornada, mientras la base social espera que un resquicio de su tiempo pueda dedicarlo a enfrentar sus problemas. La conjunción del centralismo y el estilo ambulatorio de hacer política conducen a que los problemas menores, pero de alto valor para la comunidad, hagan cola en la agenda del dirigente como problemas de menor valor.

Esta dinámica de carrusel hace que todos los problemas, mayores y menores, giren en torno al dirigente compitiendo por un espacio rescatable de las urgencias, mientras este, a su vez, gira por el mundo. Este drama cinético equilibra sicológica y energéticamente el balance de conciencia de los hombres que concentran el poder. Efectivamente, ellos pueden decir que trabajan mucho, aunque con pocos resultados.

Quinta tesis


Los partidos políticos con baja capacidad de gobierno tienen buenos profesionales universitarios, pero no tienen equipos de gobierno ni centros de pensamiento sobre sus países.

Un equipo de gobierno es algo más que la conjunción de un grupo de políticos con experiencia y de profesionales universitarios bien capacitados en sus respectivas especialidades. Para conformar un equipo de gobierno se requiere una masa crítica de dirigentes y técnicos, cohesionados por una ideología, que dominan : a) las herramientas de dirección estratégica en general, b) las prácticas de trabajo en equipo alimentadas por un vocabulario y un método común de procesamiento tecnopolítico de los problemas, c) la planificación estratégica pública y sus técnicas complementarias d) teorías de las macrorganizaciones para fundamentar reformas eficaces del aparato público  y e) las ciencias contemporáneas en el nivel que hace posible la interacción tecnopolítica entre dirigentes con visión general y profesionales especializados en departamentos del conocimiento.

Los partidos políticos no están preparados para hacer un buen gobierno si sólo disponen de buenos profesionales universitarios o políticos con experiencia. Sólo existe un equipo de gobierno cuando este interactúa naturalmente con un método común de trabajo que integra lo político y lo técnico. El tecnocratismo ingenuo es tan limitante como el practicismo político rutinario. Se requiere capacidad tecnopolítica para penetrar el fondo de las situaciones, rechazar la tentación de lo obvio y procesar política y técnicamente los problemas antes de ser sometidos a la toma de decisiones. La combinación de tecnócratas de alta ceguera política con dirigentes políticos livianos está acumulando e intensificando todos los grandes problemas nacionales. Los primeros, como producto particular de la inmadurez del desarrollo institucional, anclaron sus conocimientos en la departamentalización del mundo y en el determinismo que ignora la creatividad y complejidad del sistema social. Los segundos, ni siquiera conciben la planificación política, no dudan de la propiedad de su experiencia y resisten la renovación de su capital intelectual. En estas circunstancias, político experimentado ha llegado a ser sinónimo de obsoleto y técnico se asimila a teórico no confiable.


Sexta tesis:

La planificación estratégica podría ser hoy la principal herramienta del político moderno. Ella no se limita a un instrumento al servicio de los técnicos, mucho menos de los economistas. La planificación de la acción sólo tiene como alternativa a la improvisación. El dirigente que improvisa, tarde o temprano, se convierte en esclavo de las circunstancias y, como gobernante gobernado por ellas, arrastra a su país hacia esas mismas ataduras. El político que hoy no sabe de dirección y planificación estratégica o la confunde con la antigua planificación económica determinística y tecnocrática, está impedido de conducir con eficacia en una realidad compleja, llena de incertidumbre y plagada de sorpresas. La planificación moderna, como cálculo que precede y preside la acción, está concebida justamente para servir al dirigente político que intenta ver más allá de la curva del futuro.

El estilo inmediatista, casuístico, ambulatorio, clientelar, anecdótico, reactivo ante las urgencias , descentrado de las importancias y asistemático de hacer política que domina el presente agoto todas sus posibilidades, pero sigue siendo la escuela en que se deforman los dirigentes juveniles. En la generación más joven y en algunos países de la región emerge una clara renovación, aunque con contornos ideológicos confusos y con un dominio del tecnocratismo. No aparece aun la juventud con un discurso joven, suficientemente sólido, coherente y amplio.

Séptima tesis:

La clave para reformar los partidos políticos y elevar su capacidad de gobernar, renovando su capital intelectual, consiste en crear sistemas organizativos de alta responsabilidad.

Los sistemas políticos latinoamericanos son, en su gran mayoría, de baja responsabilidad, pues están edificados sobre métodos débiles, relajados, anecdóticos, asistemáticos y muy parciales de prestación y cobranza de cuentas sobre los compromisos asumidos. Sin un riguroso sistema de petición y prestación de cuentas, el presidente de la república no rinde en realidad cuentas al congreso nacional, el congreso nacional no cobra cuentas del presidente y este no las exige con rigor y conforme a planes a sus ministros. De esta manera todo el sistema se nivela en el sótano más bajo de la irresponsabilidad.

La consecuencia de esta baja responsabilidad se transfiere a la oficina del presidente y a la conformación de su agenda, al mismo tiempo que perpetua la gerencia rutinaria en la base.

En la agenda del presidente y su débil oficina, las importancias pierden la batalla ante las urgencias, y la improvisación sustituye a la planificación de la acción política de gobierno. Ante la impotencia de gestión, las declaraciones efectistas reemplazan a la potencia de las acciones.

En la debilidad del sistema de prestación y cobranza de cuentas la irresponsabilidad doblega a la responsabilidad.

En la gerencia mecánica de cada unidad organizativa, la rutina vence a la creatividad y la calidad.

Cuando esto ocurre, los problemas y las circunstancias pueden más que los gobernantes. Todos los grandes problemas de América Latina se han agravado en los últimos 40 años y continúan, salvo honrosas excepciones, sin ser enfrentados con seriedad. En casos crecientes, el signo de los gobiernos es la irresponsabilidad y la incapacidad. Pero, ellas no son tan visibles como la corrupción, que es su consecuencia inevitable.

Octava tesis:

Para crear sistemas de alta responsabilidad es necesario:

a) renovar las estructuras mentales de las cabezas dirigentes mediante una nueva reflexión ideológica y el entrenamiento en alta dirección. Los partidos políticos deberían crear escuelas de alta dirección y centros de pensamiento ideológico. El objetivo es exterminar el analfabetismo político.

b) mudar las prácticas de procesamiento de los problemas, creando equipos de estado mayor bien capacitados para procesar tecnopolitcamente los problemas. el objetivo es impedir que se ignoren los grandes problemas o se tomen decisiones en crudo sobre estos. Para ello, es imprescindible rescatar la planificación.

c) descentralizar, democratizar y crear sistemas exigentes de petición y prestación de cuentas que revaloricen la palabra del político y del administrador. El objetivo es elevar la responsabilidad del sistema institucional. Todo dirigente debe cobrar y estar sujeto a la rendición rigurosa y sistemática de cuentas.

d) mudar los métodos tradicionales e irresponsables aplicados en las campañas electorales, para que estas cumplan también el propósito de : i) crear conciencia  política y de gobierno en la población, ii) organizar a la población para que transforme sus necesidades en demandas, iii) formular planes de enfrentamiento de los problemas en los barrios, iv) afianzar el contacto directo con la población y v) economizar en publicidad tradicional, examinando a fondo la opción entre tecnologías intensivas en ideas y trabajo militante versus tecnologías intensivas en dinero y compromisos espurios. El objetivo es elevar la dignidad y profundidad del proceso electoral como acto determinante de la efectividad de la democracia.


La profundización de la democracia y la máxima descentralización pueden desatar una dinámica de creatividad y responsabilidad que, a mediano plazo, ponga freno a la baja capacidad de gobierno y sus consecuencias. La democracia responsable elevara las exigencias para mejorar la capacidad de gobierno de las dirigencias políticas. Cuando hay baja capacidad de gobierno, ella no debe centralizarse. Por el contrario, debe redistribuirse el poder y descentralizarse las competencias de gestión, porque ello permite mejorar el sistema de petición y prestación de cuentas.

Novena tesis:

Las universidades, los organismos internacionales y los medios de comunicación no están cumpliendo razonablemente su función de contribuir a elevar la capacidad institucional de gobierno.

No existe una sola escuela nacional de gobierno en toda América Latina, salvo por algunos esfuerzos de gobiernos territoriales como en el Estado del Zulia (IZEPES), Venezuela y en el Estado de Sao Paulo (EGAP), Brasil.

 Esa no es prioridad de nuestros gobiernos, de los organismos internacionales ni de los partidos políticos, y dada la confusión que existe sobre el tema, no parece probable que ella aparezca en los próximos años. Las disciplinas propias de las ciencias y técnicas de gobierno son, en algunos casos, ignoradas en los programas universitarios y, en otros, existen nominalmente con un marcado atraso científico.

La cooperación técnica internacional se realiza con teorías y conceptos en buena parte obsoletos. Los medios de comunicación viven del escándalo anecdótico y rara vez abordan con profundidad los problemas nacionales. La universidad y los organismos internacionales han llegado a ser, en este campo, más beneficiarios que servidores de los pueblos y sus gobiernos. Y los medios de comunicación, con escasas excepciones, no superan su carácter de instrumentos de comercio e intereses de grupos.

Décima tesis:

Las tesis expuestas asumen calificaciones duras que se justifican en relación a padrones de comparación altamente exigentes de gobierno, pero necesarios y posibles en la situación latinoamericana. Por consiguiente, habría que atenuar sus propuestas, si el padrón de comparación fuera el promedio de las realidades observables en América no latina, Europa y los países de vieja institucionalidad de otros continentes.

No debemos justificar nuestra baja capacidad de gobierno por el atraso o juventud de nuestros países. Por el contrario, mientras mayores son los desafíos de la pobreza y el atraso, mayores deben ser las capacidades de gobierno para superar la perpetuación de nuestras desventajas relativas. El promedio y la repetición no son suficientes para el que debe acortar distancias. 

Estas tesis tienen excepciones en nuestra región, pero las excepciones son pocas, no son paradigmas de excelencia ni siempre son realidades estables. El principio del cambio consiste en excluirse de la excepción. Es más efectivo reaccionar positivamente ante la crítica exigente e incluso injusta, que conformarnos con lo que somos según los resultados que están a la vista.